¿Por qué la mayoría de la gente se somete al Estado?

Murray Rothbard
“Cortesía de la Biblioteca Ludwig von Mises”

¿Por qué? -exclama La Boétie con angustia-, ¿por qué las personas, las únicas criaturas nacidas para ser libres, padecen del «vicio vil» y «vicio monstruoso» de consentir su propia sujeción?

La Boétie responde, en primer lugar, que el difícil acto de establecer inicialmente el poder tiránico del Estado se lleva a cabo a través de alguna forma de conquista, ya sea por una potencia extranjera, un golpe interno o el uso de una emergencia de guerra como excusa para imponer un despotismo permanente sobre las personas.

¿Y por qué entonces la gente sigue consintiendo esa sujeción?

En primer lugar, explica La Boétie, está el poder insidioso de la costumbre, que rápidamente acostumbra e induce a las personas a cualquier institución, incluso a su propia esclavitud. De esta manera, el impulso natural de la humanidad hacia la libertad es dominado por la fuerza de la costumbre.

Es verdad que al principio las personas se someten bajo coacción y por la fuerza; pero los que vienen después de ellos obedecen sin arrepentirse y hacen de buena gana lo que sus predecesores habían hecho porque tenían que hacerlo. Por eso, las personas nacidas bajo el yugo y luego alimentadas y criadas en la esclavitud se contentan con vivir en su circunstancia en la que nacieron, sin conocer ningún otro estado o derecho, y considerando como muy natural la condición en la que nacen.

En segundo lugar, el aparato del Estado no necesita esperar a que la costumbre funcione con lentitud; el consentimiento también puede ser manipulado. La Boétie procede a discutir las diversas maneras mediante las cuales los gobernantes diseñan dicho consentimiento. Por ejemplo:

El circo.- Los dictadores de todos los tiempos arrullan al pueblo con pasatiempos y placeres vanos, tan exitosamente, que las personas “aprenden” la sumisión con mucha ingenuidad.

El engaño.- Es otra manera que utilizan los dictadores para obtener el consentimiento del púeblo, para que crean que el gobierno del dictador es sabio, justo y benevolente. En los tiempos modernos, señala La Boétie, los gobernantes «nunca emprenden una política injusta, ni siquiera de cierta importancia, sin precederla con un bonito discurso sobre el bienestar público y el bien común».

La compra de conciencias mediante el otorgamiento de beneficios materiales, pan y circo. Esta supuesta generosidad del gobernante es un método particularmente astuto para hacerle creer al pueblo que se beneficia de un gobierno tiránico, “sin darse cuenta de que sólo está recuperando una parte de su propiedad, y que su gobernante no podía haberle dado lo que está recibiendo sin habérselo quitado antes. … La mafia siempre se ha comportado de esta manera, abierta a los sobornos”.

La Boétie amplía el concepto de tiranía

Otra contribución muy importante de La Boétie a la teoría política es la ampliación del concepto de tiranía: de un hombre, a todo un aparato estatal (el stablishment), creado mediante la compra permanente y continua de una jerarquía estable de aliados subordinados, una banda leal.

La Boétie considera este factor «la fuente y el secreto de la dominación, el apoyo y la base de la tiranía», porque aquí hay un gran sector de la sociedad que no es simplemente engañado con limosnas ocasionales e insignificantes del Estado, sino que vive de las ganancias del despotismo de manera hermosa y permanente.

De esta manera, se crea y se mantiene una elaborada jerarquía de patrocinio de los frutos del saqueo. «Todos los que están corrompidos por la ambición ardiente o la avaricia extraordinaria, se reúnen en torno al tirano y lo apoyan para compartir el botín y constituirse en pequeños jefes bajo el gran tirano». Es cierto que ellos también son súbditos y sufren a manos de su líder, pero a cambio de esa sujeción, a estos subordinados se les permite oprimir al resto del pueblo.

En una reflexión más profunda, entonces, la estrategia para el logro de la libertad no es tan simple, pues aunque la desobediencia civil masiva es la clave maestra, ¿cómo se puede llevar al público a tal acción, cegado como está por una red de hábitos, propaganda y privilegios especiales?

Pero La Boétie no se desespera. Por un lado, no todo el pueblo es engañado o hundido en la sumisión habitual. El medio ambiente puede influir, pero no determina; pues, a diferencia de «la masa bruta», siempre hay una élite que comprenderá la realidad de la situación. Son personas que poseen una mente clara y clarividente, que nunca desaparecerán de la tierra.

Es cierto que los gobernantes invariablemente intentan controlar y suprimir la educación genuina en sus países, privando a la élite de la libertad de expresión y acción. Pero aún así, siempre hay líderes heroicos que pueden surgir de la masa, líderes que no dejarán de «liberar a su país de las manos del mal». Esta élite bien informada y valiente, por lo tanto, formará la vanguardia del movimiento de resistencia. A través de un proceso de educar y despertar al púeblo a la verdad, devolverán al pueblo el conocimiento de las beneficios de la libertad y expondrán los mitos e ilusiones fomentados por el Estado.

Étienne La Boétie fue, por lo tanto, el primer teórico libertario moderno, que también -y de manera notable- ofreció una teoría estratégica que surgió lógicamente de su análisis de los fundamentos del poder del Estado.

¿Pero qué hizo personalmente al respecto? Irónicamente, La Boétie demostró que podía haber sido un miembro de una élite bien informada, pero apenas valiente. No publicó el Discurso, ocupó el lugar que le correspondía en la élite gobernante; y como afirma el profesor Keohane: «No podemos saber si alguna vez reflexionó sobre la ironía de encontrarse a sí mismo en una parte prominente de la red que alguna vez había condenado de manera tan mordaz».
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