Las herencias de Sigmund Freud y Víktor Frankl

Se cumplen 80 años del fallecimiento del médico neurólogo austríaco Sigmund Freud (1856-1939). Fue uno de los pioneros en investigar el mundo del subconsciente, en la interpretación de los sueños, en aplicar curaciones a enfermos mentales como el psicoanálisis y un original método en la que el mismo paciente daba a luz con el origen y raíz de sus problemáticas neuróticas: la psicoterapia, que vino a revolucionar el mundo de la Psiquiatría, similar al método del filósofo griego, Sócrates, que decía que había que ayudar a que las personas descubrieran por sí mismos la verdad.

Desafortunadamente Freud concluyó que muchas (o casi todas las neurosis o trastornos mentales) tenían su punto de partida en traumas sexuales y que, por lo tanto, la cura debería de orientarse por la liberación completa de los instintos. Afirmaba que un hijo fácilmente se podría enamorar de su madre (“complejo de Edipo”) y desear la muerte de su padre, o viceversa, una hija enamorarse de su padre (“complejo de Elektra”) y desear la muerte de su madre y otras aberraciones. Posteriormente, se descubrieron que sus teorías sobre la interpretación de los sueños no tenían base científica alguna. A esas desacertadas conclusiones, sus discípulos las denominaron como “pansexualismo”, en el que Freud reduce todo a problemas de tipo sexual.

Detrás de esta nueva psiquiatría, cerrada al espíritu, existe un erróneo planteamiento porque sostenía que sólo se puede obtener la verdadera felicidad si se siguen ciegamente los impulsos o instintos sexuales, sin ningún límite moral, biológico o social y menos ligado a la procreación.

La escuela vienesa de Freud influyó en muchos otros psiquiatras, en todo el siglo XX y hasta nuestros días. Quizá un discípulo más creativo, realista y original fue Viktor Frankl (1905-1997), psiquiatra austriaco que tomó otro sendero y demostró que la persona humana va más allá de sus pasiones e instintos y le mueven ideales más altos y nobles cuando descubre un “para qué” de su quehacer cotidiano, lo que se ha llamado “La Psicología del Significado” y “Psicología Existencial” y propuso su curación mediante el método de la Logoterapia.

Sigmund Freud influyó mucho en el movimiento “liberacionista” de numerosos países en los años sesenta, que más bien resultó “esclavista” de los instintos. Viktor Frankl –pienso que para contrarrestar tanta confusión ideológica– visitó numerosas naciones y universidades impartiendo conferencias y cursos. Recuerdo que en una de ellas afirmaba que así como en la costa este de Estados Unidos se había levantado una enorme estatua a la Libertad, proponía que en la costa oeste se levantara otra estatua dedicada a la responsabilidad, haciendo una clara alusión a que a todo acto consciente de la persona correspondía un deber, en todos los ámbitos, y en especial en materia sexual.

Una última consideración, si los gobiernos que promueven políticas antinatalistas, en vez de orientarse hacia una “cultura de la muerte” y  despoblación de la humanidad, emplearan todos sus enormes recursos económicos y materiales en fomentar la “cultura de la vida” y promocionar el inmenso valor de la  vida humana, brindando una educación sexual integral y correcta, que considerara al hombre como un ser compuesto de materia y espíritu, seguramente no ocurrirían todos estos trastornos demográficos ni tampoco psicológicos en tantos miles de mujeres que han abortado. Se valoraría más la importancia de la familia y se tendría un mayor respeto por el ser humano y su gran dignidad.
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Raúl Espinoza Aguilera

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