«Cuando México perdió la esperanza»

El título de la última novela que el escritor Francisco Martín Moreno ha publicado en versión electrónica es altamente significativo: “Cuando México perdió la esperanza”.

La trama de la novela transcurre en torno a la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador a Estados Unidos, así como de los problemas que podrían derivarse de dicho viaje.

Como todo mundo sabe, la fantasía del novelista se transformó en realidad el pasado 8 de julio cuando se entrevistaron en la Casa Blanca los presidentes de México y de Estados Unidos.

Desde que asumió el poder hace más de año y medio, López Obrador juró y perjuró no viajar al extranjero.

Realmente no sabemos si su decisión obedeció al cúmulo de problemas, casi insolubles, que tiene que resolver, entre los que destacan los siguientes:

1) La ridícula estrategia de “abrazos y no balazos” que, al fortalecer a los delincuentes, solamente ha servido para impulsar la exportación de estupefacientes a la Unión Americana.

2) La fuga de capitales causada tanto por las agresiones en contra de los empresarios mexicanos como de los inversionistas extranjeros.

3) La ausencia de un Estado de Derecho que provoca que tres cuartas partes de la población del país esté controlada por el crimen organizado.

4) La incontenible migración ilegal a los Estados Unidos, causada por la desastrosa política económica que ha causado desempleo y cierre de empresas.

5) La orientación comunista de AMLO fortalecida por la destrucción de las estructuras democráticas.

Ahora bien, también hay quien opina que la decisión de López Obrador de no viajar al extranjero obedece a un notorio complejo de inferioridad: ¿Sabría como comportarse al lado de una Ángela Merkel, de un Emanuel Macron, de una reina Isabel de Inglaterra o del Papa Francisco?

He ahí la duda: No sabemos si porque tenía muchos problemas encima o porque temía quedar en ridículo, el caso es que López Obrador se mantenía en su terquedad de no viajar al extranjero.

Sin embargo, todo cambió cuando el presidente estadounidense, Donald Trump, le envió un citatorio ordenándole que, tomando como pretexto el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, se presentase en la Casa Blanca a la mayor brevedad.

López Obrador empezó a temblar como si fuese un flan, pues, con justa razón, temía que Trump pudiese regañarlo o hacerle alguna grosería.

El caso fue que -al menos públicamente- no hubo regaños ni groserías. Ahora bien, lo que ocurrió durante la media hora en que estuvieron a solas, solamente ellos y sus traductores lo saben.

Ni duda cabe que a Trump le convino que López Obrador viajase a Washington.

Con esta visita, que se realizó en medio de un ambiente de azucarada cordialidad, Trump puede presentarse ante las comunidades latinas como un político que está enamorado de los migrantes y que reconoce sus grandes aportaciones a la economía de su país. Y eso, en un año electoral, suele dar muy buenos dividendos.

Aunque la entrevista haya evadido temas de fondo que son comunes a ambos países, como sería el tráfico de estupefacientes, el contrabando de armas y las humillaciones que padecen los migrantes mexicanos en Estados Unidos.

El caso es que Trump quedó feliz con la visita, pues todo le salió a pedir de boca.

Y López Obrador quedó aún más feliz puesto que ya no le quedó duda alguna de que, si sabe ser dócil, Trump le permitirá hacer en México cuando le venga en gana, como -valga el ejemplo- hundir al país en un pantano populista.

Hubiera sido suicida que López Obrador se hubiese puesto al brinco defendiendo a los humillados inmigrantes mexicanos o -como lo hizo con Felipe VI de España- exigiéndole a Trump que se disculpase porque en 1847 Estados Unidos le robó a México más de la mitad de su territorio.

Si así lo hubiera hecho, ignoramos cuál habría sido la reacción de un Trump que siempre se comporta de manera impredecible.

Algo que también es digno de reflexión es la ofrenda floral que López Obrador depositó ante la estatua de Benito Juárez.

Hagamos un poco de historia

Fue durante la segunda mitad del siglo XIX cuando Napoleón III de Francia pretendió establecer una cabeza de playa en tierras de América, concretamente, apoyando en México al Emperador Maximiliano.

De inmediato, Estados Unidos paró en seco al francés echando mano de un dócil Benito Juárez quien, con apoyo estadounidense, frenó el imperialismo europeo, aunque ello significase consolidad al imperialismo yanqui.

De igual manera, cuando Trump vio que miles de hambrientos centroamericanos podrían entrar ilegalmente a su país, echó mano de un también dócil López Obrador que supo hacer el papel de auténtica muralla.

A cambio de eso, Trump se lava las manos, mira para otro lado y permite que López Obrador haga cuanto le venga en gana.

Eso explica que la entrevista se haya realizado en un clima tan cariñoso en el cual solamente faltaron los besos.

Y mientras ambos mandatarios se daban recíprocas muestras de cariño, ese mismo día, en México, la cifra de contagiados por el Covid-19 alcanzaba casi los 7 mil en tanto que los muertos subían a cerca de 33 mil.

Esa fue la razón por la cual Francisco Martín Moreno, con motivo de dicha entrevista, le puso a su novela un título muy significativo: “Cuando México perdió la esperanza”.

Y quizás tenga razón.
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Nemesio Rodríguez Lois

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