«Señor del mundo»: ¿novela catastrofista o profética?

¿Te han cautivado las novelas distópicas «1984», de George Orwell; «Un mundo feliz», de Aldous Huxley; incluso « Farenheit 451», de Ray Bradbury? Si es así, la lectura de «Señor del mundo» (también conocida como «El amo del mundo»), de Robert Hough Benson, sin duda te atrapará.

La obra de Benson merece un lugar junto a «Un mundo feliz» y «1984» entre los clásicos de la distopía de ficción. De hecho, aunque las obras maestras de Huxley y Orwell sean equiparables en valor literario, son claramente inferiores en valor profético. Los dictadores políticos que daban a la novela-pesadilla de Orwell su siniestra potencia ya tuvieron sus días. Sin embargo, la novela-pesadilla de Benson se está haciendo realidad ante nuestros propios ojos.

«Señor del mundo» es una novela sobre el Apocalipsis. Una narración profética que trata del futuro —ya el presente— de nuestra sociedad. Es profética porque anticipa consecuencias de una vida colectiva edificada de espaldas a Dios, pero también lo es por su carga de crítica social, de sátira de las costumbres hipócritas de su tiempo y del nuestro.

Benson recrea un tiempo en el que todo Occidente ha sucumbido a una síntesis entre capitalismo y socialismo. Las fuerzas del materialismo secularista, del relativismo y del control estatal triunfan por doquier. La eutanasia es una herramienta legal y aceptada. Ya no hay resistencias religiosas. El protestantismo ha sido barrido y el catolicismo, devastado por el modernismo, parece también eliminado. En su lugar, la gran mayoría ha adoptado una religiosidad vaga, humanista y violentamente hostil hacia la Iglesia. Cuando todo está ya preparado, Julian Felsenburgh, un diplomático, un sabio, un líder carismático y poderoso entra en escena. Es el Anticristo. Pero no está dicha la última palabra…

El Papa Francisco define la obra de Benson como una novela que ejemplifica «el espíritu de la mundanidad que nos lleva a la apostasía», y frecuentemente ha recomendado su lectura.

Desde su publicación, en 1907, «Señor del mundo» fue objeto de encontradas críticas. Unos la tachaban de catastrofista, y otros la consideraban como profética. Pero, desde entonces, esta obra maestra y visionaria, que fue capaz de anticipar el destino del hombre —y de la sociedad— que da la espalda a Dios, se ha convertido en un auténtico clásico.

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