Influencia de Aparecida y Aguiar Retes en la visión evangelizadora de Francisco

Ante la rapidez y ferocidad de las fuerzas disolventes del secularismo, y ante el fracaso institucional de la Iglesia misma, el Papa Francisco está convencido de que en este tiempo el Señor pide que la Iglesia evangelice, y para esto la Iglesia tiene que cambiar.

En esta línea de pensamiento, su llegada al Vaticano se ha traducido en un amplio campo de reformas, que van desde el tema del dinero, hasta la comunicación, la reorganización de la Curia romana, los laicos y las mujeres, la sinodalidad, cambios al gobierno universal de la Iglesia, el papel mismo del Papa,el nombramiento de los obispos, cambios en la formación de los sacerdotes, etc.

Es por esto que la llegada de Francisco al Vaticano ha significado para muchos «una catarata de agua fresca trayendo vida nueva; pero para algunos, sin duda, (significó) la llegada desestabilizadora de aguas ajenas turbulentas».

En la conferencia «La Iglesia en el Cambio de Época (Claves para entender a Francisco)», dictada el pasado 31 de julio de 2018 en Buenos Aires, Argentina, Austen Ivereigh, autor del libro «El gran reformador», profundizó esta vez, no en la vida del Papa Francisco, sino en su pensamiento a través de sus escritos, para entender el porqué de los cambios que está impulsando en la Iglesia católica.

A juicio de Ivereigh, la visión evangelizadora de Francisco tiene sus orígenes en el ‘discernimiento de los signos de los tiempos’ que hizo la Iglesia latinoamericana en los años previos a la gran conferencia general de Aparecida, Brasil, de mayo de 2007. Ese proceso de reflexión lo condujo el que es ahora Arzobispo Primado de México, Carlos Aguiar Retes, en aquel entonces arzobispo de Tlanepantla y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam).

Ya antes del cónclave que lo habría de elegir Papa, Jorge Mario Bergoglio imaginaba a Jesús, no en el exterior golpeando la puerta para que lo dejen entrar, sino en el interior, pidiendo que lo dejen salir. Habló de cómo la Iglesia está paralizada por la introversión, viviendo de su propia luz, enfermándose y volviéndose autorreferencial. Y puso esto en contraste con una Iglesia que evangeliza poniendo a Cristo en el centro, que sale de sí misma a las periferias, a los lugares donde hay necesidad.

En ese cónclave, Bergoglio dijo a los cardenales que el próximo Papa debe ayudar a la Iglesia a ser una madre fecunda que evangeliza con alegría. Y ésta es la travesía que se resume en la frase: «Una conversión pastoral y misionera».

En su conferencia, Austen Ivereigh explicó esta travesía en tres partes:

Primero, el discernimiento de los signos de los tiempos que llevó a Bergoglio a este diagnóstico: ¿Cuál es la causa de la parálisis?

Segundo, la curación, es decir, lo que implica la conversión pastoral: ¿Qué significa ser una madre fecunda?

Y tercero, un caso clínico para ilustrar esa conversión en un país vecino: la crisis de Chile como una tragedia que trae consigo un kairós (la oportunidad de una conversión pastoral acelerada).

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