«Capitalismo» monopolista amenaza al capitalismo de libre mercado

Brendan Brown
«Cortesía de la Biblioteca Ludwig von Mises»

No hay nada nuevo en el capital monopolista que gana poder y amenaza al capitalismo de libre mercado. Los banqueros, empresas y financieros favorecidos y protegidos por el gobierno han existido durante siglos.

Pero esta vez, la inflación monetaria y la naturaleza del cambio tecnológico contemporáneo se han combinado para elevar la amenaza planteada por estos monopolistas a un nivel existencial.

La última barrera contra esto es la institución del dinero seguro, actualmente virtualmente extinto en el mundo de la política.

John Stuart Mill (1806-1873) nos advirtió que el dinero fuera de control se convierte en la llave inglesa en todas las demás máquinas de la economía.

Sin embargo, no podía predecir nuestra encarnación moderna de este problema, es decir:

1) La vasta inflación de los activos.
2) La inflación camuflada de los bienes.
3) Y la revolución tecnológica contemporánea.

Esto tiene una tendencia a generar un monopolio monetario que podría ser tan severo que significaría que manos invisibles temblorosas simultáneamente no podrían reparar la maquinaria.

Dada la magnitud de ésa amenaza, no es viable esperarse a contemplar simplemente un retroceso gradual de las actuales políticas monetarias radicales. Porque la mera suspensión de una mayor flexibilización cuantitativa o la eliminación gradual de las tasas de interés negativas, como defienden ahora algunos ex banqueros centrales conservadores, sería demasiado débil, incluso si fuera acompañada de políticas reforzadas de «reforma estructural», incluida la búsqueda agresiva de leyes antimonopolio.

Asimismo, es comprensible que algunos defensores del dinero seguro se muestren reacios a insistir en la necesidad de una gran discontinuidad en las políticas monetarias actuales cuando la inflación acumulada de los activos y los riesgos financieros relacionados son tan grandes. Mejor esperar a que las burbujas actuales estallen bajo la influencia de fuerzas endógenas antes de iniciar la revolución monetaria.

El problema con tal precaución es que varios años más de una expansión cíclica súper larga extendida repetidamente por la administración de elixires monetarios (como los recortes de tasas del Jefe Powell este año), aunque ya no incluya medicinas no convencionales, podría significar un avance mortal del «capitalismo» monopolista.

Los reformistas monetarios prudentes (en la dirección de la solidez) podrían replicar que el último elixir no será efectivo y que la inflación de los activos ya está a punto de disminuir. Pero luego vendría otra dosis de elixir poco después, a menos que haya habido un cambio fundamental en el régimen monetario.

O algunos sostienen que una explosión y choque final todopoderoso está en camino, incluso después de una aventura más, y que esto sofocará la amenaza del monopolio. Los defensores del capitalismo de libre mercado no deben contar con esa muerte natural. El capital monopolista podría ser tan fuerte en el momento de una explosión final, que pueda sobrevivir al choque.

El peligro actual del capital monopolista es tan grande que justifica abandonar el curso de la lenta adaptación del régimen monetario actual en favor del cambio revolucionario.

El triángulo infernal que une la inflación de los activos, el capitalismo monopolista y el amiguismo tiene ancestros históricos, en particular la «burbuja» de las acciones de las Indias Orientales holandesas durante la gran inflación monetaria holandesa de la década de 1630, que incluye también la notoria tulipmanmanía. Pero eso fue mucho antes del milagroso surgimiento del capitalismo de libre mercado y la economía clásica. El monopolista holandés no fue capaz de anticiparse a ese futuro milagro; los monopolistas de hoy, por el contrario, podrían enterrar ese milagro de una vez por todas.
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