¿Sustituir la Constitución por la Biblia?

Transcribo el último párrafo de un artículo publicado la semana pasada. “Dejo pues, para el aquí y ahora de este sufrido país nuestro, la siguiente pregunta: ¿Deberemos sustituir la Constitución por la Biblia, y las leyes que de aquélla emanan por el catecismo?” (Cfr. Ángel Verdugo; 22 Ene de 2019; Dinero en Imagen).

Si el escritor conociera el caso Galileo, así como la carta que escribió a la Duquesa Cristina, sabría que la Biblia no enseña cómo van los cielos, sino cómo se va al cielo. La Biblia no es un libro de Astronomía, como tampoco es un conjunto de enseñanzas para redactar constituciones políticas. Luego, la disyuntiva es engañosa porque la Constitución y la Biblia no se implican mutuamente. Lo que impone la Constitución es de naturaleza diferente a lo que manda la Biblia. Se está confundiendo gimnasia con magnesia. No es cualquier tipo de confusión. Es una confusión esencial.

Un ejemplo claro de nivel kindergarden. ¿Por qué hay semáforos en las esquinas de mayor tráfico? Posibles respuestas: para evitar congestionamientos, lograr cierto orden en los traslados, llegar a tiempo al trabajo, evitar choques, respetar el derecho de otros a circular con libertad, respeten mis propios derechos a circular, respetar los pasos peatonales y el derecho a cruzar la calle caminando, etc. El conductor de un vehículo, ¿debe obedecer las normas de la Ley de Tránsito? Creo que debe obedecer y respetar la normatividad.

Siguiente pregunta: Si el conductor respeta y obedece las leyes de tránsito, ¿lo hace por que debe obedecer a la autoridad? Me parece que no. Debe respetar dichas leyes porque, en el fondo de la legislación, se encuentra un punto de apoyo, una ley de la naturaleza física que reza así: “Dos cuerpos no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo”. La frase anterior describe cómo es la naturaleza de los cuerpos materiales. Sobre esa ley natural se apoya la Ley de Tránsito y por eso es necesario obedecerla. La autoridad explicita la ley natural de manera específica de modo escrito.

La disyuntiva engañosa del artículo citado dice así: ¿para todo problema, un pasaje bíblico? Es como preguntar ¿para todo problema, un shot de marihuana? Legalizado su uso, recibimos de su consumo calma, tranquilidad, paz, alegría. Es una forma de remediar problemas. Nos topamos de nuevo con la confusión personal que se transmite al público lector. No existe el derecho a engañar.

Otra pregunta: Si por descuido personal me llevo algo que no es de mi propiedad, ¿debo devolverlo? La respuesta no se encuentra ni en la Constitución ni en la Biblia. La respuesta se encuentra en la ley natural moral presente en todo ser humano. Debe ser devuelta porque no es de mi propiedad. Si no la devuelvo a su dueño y la incluyo como parte de mis pertenencias, estoy robando, estoy disponiendo de algo que no es mío y de lo cual no tengo derecho a disfrutar.

Si la Biblia manda “no robar”, y la Constitución castiga al ladrón, es porque el acto de robar atenta contra la dignidad de la persona, contra el prójimo, contra la sociedad y el país. Atenta contra la seguridad interna e internacional. Otra razón más: ¿A quién le gusta que le roben, que le engañen? Seguro que a nadie.

Rechazar los intentos de corrupción, ejercer la función pública con justicia y honestidad, trabajar bien para no defraudar a la empresa ¿es mandato bíblico? Si la respuesta es que sí es mandato religioso, entonces no obliga a quienes no creen en la Biblia, es decir, no obliga a los musulmanes, a los ateos, a los agnósticos, a los mormones, a los hindúes, o a los krishnas. Tampoco obliga a los que no son religiosos. Si la respuesta consiste en que es un mandato de la Constitución mexicana, entonces no obliga a ciudadanos que viven bajo constituciones diferentes a la nuestra.

¿Qué le parece un mundo así?, ¿un país así? A mi me parece de locos. Pienso que desde hace muchas décadas vivimos en un entorno de babelización intelectual y moral. ¿Cómo salir del problema? Con la correcta educación de la inteligencia, de la voluntad y del carácter.
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Rubén Elizondo Sánchez

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