México necesita personas “de una sola pieza”

En su obra “La República”, Platón describe los síntomas de la decadencia de un país democrático. Lo escribió en tono de broma y lo hizo así con el fin de llamar la atención o de ridiculizar a quienes se comportaban de maneras poco adecuadas.

Por el contrario, en nuestros días, forman legión  los pseudointelectuales que toman como verdades monolíticas las ideas ridiculizadas por Platón.

Y así sucede que, si los jóvenes están impacientes por desarrollar su vida sexual, la sociedad les ofrece libros en los cuales se afirma que la castidad es una represión y que es importante la “revolución sexual”.

Del mismo modo, si, “por mala suerte”, en el cuerpo de una mujer se engendra una vida, no falta quien proclame el aborto como un “derecho” de la mujer.

Igualmente, si los hijos no obedecen, ¡pues que los padres dejen de mandarlos! ¿Para que torturar con órdenes a los pequeñuelos?

Asimismo, si por el índice de alumnos reprobados, éstos se rebelan contra la contra la exigencia académica, pues entonces ¡que la aprobación sea automática!

Hoy en día, todas estas ideas antidemocráticas son generalmente promovidas por los llamados “tontos útiles” y gente fanática al servicio de otros fanáticos que socavan el sentido democrático de la sociedad.

Lamentablemente, tal parece que las personas que prestan oídos a estas ideas tan peregrinas prefieren equivocarse aceptando tales ideas, que afrontar responsablemente sus actos personales.

Tales personas olvidam que no basta tener la libertad de decidir, sino que también es preciso usar responsablemente dicha libertad.

Cuando un ciudadano  exige algo a la vida, sin preguntarse qué ofrece él personalmente a la vida, es porque se desentiende de su responsabilidad de servicio para con la sociedad, servicio que va más allá de la simple autorrealización o de la mera satisfacción del instinto,  y que se cifra en un ideal por el que vale la pena vivir.

Por eso, cuando una nación pierde el espíritu de servicio, deja de ser democrática, y cede al paso a una autoridad pública que permite los peores excesos: la dictadura y la corrupción.

Éste es el origen profundo de la crisis que afecta a México.

Las grandes crisis –en concreto la crisis mexicana–, más que un problema económico, político y social, se trata de una crisis de personas veraces: de personas “de una sola pieza”.
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Gabriel Martínez Navarrete

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