Martín Luis Guzmán: Un liberal del siglo XIX y demócrata del XX (II)

No hay viento favorable para el piloto
de la nave que no sabe a dónde va.
– (Solón)

En el siglo XXI se han roto los esquemas que dan trayectoria y cohesión a la vida. La herencia de la Ilustración y el racionalismo cartesiano engendraron, en cierto sentido, la Edad Moderna. Aunque algunos autores hablan de una nueva época a la que apellidan con el mote post-modernidad, en mi opinión, seguimos siendo modernos en la forma de pensar y actuar.

Martín Luis Guzmán señala sabiamente que “Confundimos las ideas, confundimos los valores: Habituados a hojear un libro hoy y otro mañana, suponemos que así se encuentra la directriz de la vida de un pueblo”.

Si los planes educativos no enseñan las ideas necesarias para formar cabezas bien amuebladas, no es de extrañar la pérdida del sentido de la vida privada y pública. Si faltan las ideas perennes se impone la dictadura del relativismo, esclavitud que difícilmente conduce al bienestar y felicidad.

Destaco más frases del libro “La querella de México”: “Para los mexicanos, el discernimiento es un juego —juego que poco practican—; y como gente que piensa poco, ignoran que nada hay más difícil que manejar ideas. Somos dilettanti”.

“Nuestra realidad patria es triste, es fea, es miserable. Estamos tan mal educados que nuestros sentidos mismos no nos sirven: no sabemos ver, ni somos capaces de palpar. Nos consta que en nuestro derredor existe un desconcierto, una anormalidad esencial, una imposibilidad de seguir viviendo así”.

¿Cuáles son los caminos propios de México? Lo escribí en artículos anteriores: Back to basics!! Es imprescindible rescatar las raíces culturales que dieron vida a la nación: la tradición judeocristiana, la impronta grecolatina y el trazo de la revolución industrial. Son los indicadores que dan respuesta a las inquietudes más humanas y espirituales; constituyen el marco de referencia para lograr el saludable desarrollo personal y social.

Enfatizo también las siguientes frases: “Deslumbrados por la mucha claridad que ven nuestros ojos en tierras ajenas, aún vamos a tientas entre las tinieblas que pesan sobre el campo nuestro, incapaces de escudriñarlo y encontrar sus caminos propios”.

“¿Comprenderemos algún día que, por baja que nos parezca su calidad, el material patrio es el que debemos trabajar, poniendo en él nuestras manos y aplicándole las reglas que le cuadren?” Es necesario formar cabezas integrales, educar la inteligencia, la voluntad y el espacio emocional.

Finalizo con la siguiente idea: “Mucho tiempo antes que la estrella de los conquistadores brillara sobre las tierras que habrían de ser más tarde la Nueva España, las civilizaciones aborígenes de México habían fracasado ya por una circunstancia de orden espiritual.

En 1325 dC los tepeanecas enseñoreaban el valle de México. El pueblo de costumbres crueles y cultura sangrienta no logró controlar la rebelión del linaje azteca ante las injusticias sufridas. A partir de ese año, los aztecas se adueñaron del valle y repitieron las mismas costumbres que habían combatido.

Ellos recibieron la llegada de los conquistadores y padecieron la rebelión tlaxcalteca, sin la cual, posiblemente seguiríamos usando taparrabo y plumas de quetzal para comerciar.
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Rubén Elizondo Sánchez

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