Mara Fernanda y la politización de la tragedia

Queridos jóvenes:

Ser mujer es un peligro en México”, rezaba con alarmismo una nota que leí esta semana. Hacía referencia a la desaparición de Mara Fernanda, una joven estudiante de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP). Tenía 19 años y fue asesinada por el chofer de Cabify que debía llevarla a su domicilio. Por supuesto que despertó indignación nacional, pues no era para menos.

Vivimos en uno de los países más violentos del mundo, tema estrechamente ligado a la corrupción. El caso de Mara Fernanda es una muestra más de la inseguridad terrible que se vive en México. Desgraciadamente, todos los días en algún punto de nuestro bello país se descubre algún asesinato, robo, violación, etc., crímenes que sólo pueden ser entendidos desde el egoísmo brutal que lleva a la persona a una patología que la vuelve capaz de cometer estos actos.

A pesar de que la mayoría de las víctimas de los crímenes en México –especialmente asesinatos– son hombres, ha surgido un término que se ha popularizado con fines políticos: el “feminicidio”.

Hace poco más de un año estuve en un foro sobre feminismo en mi alma mater, la Universidad Autónoma de Baja California. El tema del feminicidio se abordaba apasionadamente, por lo que me atreví a hacer una pregunta que incomodó a más de un asistente. Mi pregunta fue: “¿por qué no llamarle simplemente ‘asesinato’? ¿Acaso la vida de una mujer vale más que la de un hombre?”. La respuesta de una mujer de unos cincuenta años, con aspecto peculiarmente intelectual, fue que se le llama así cuando se asesina a la persona por el hecho de ser mujer.

Sin embargo, los “feminicidios”, cuya viralidad en redes ha sido más impactante, son, generalmente, casos donde no se puede comprobar que se le haya asesinado por su género. Suelen ser ejemplos vivos de la violencia que se vive en México, la misma que sufrimos todos por el hecho de ser personas. Como mujer, me parece que se ha vuelto una manera de victimizarnos y catalogarnos como grupo vulnerable, en lugar de aceptar la realidad: sufrimos violencia porque vivimos en una sociedad violenta donde no se respeta el valor de la vida.

El caso de Mara Fernanda se convirtió rápidamente en bandera para los grupos feministas, quienes no desaprovecharon la oportunidad para politizar el caso. ¿Por qué no decir la verdad? Es un acto terrible que le ocurrió a una joven, como pudo ocurrirle a un joven, por el hecho de que Cabify contrató a una persona sumamente peligrosa. Es un lamentable caso que nos permite analizar la vulnerabilidad a la que nos exponemos todos y todas al viajar en un taxi en la noche en uno de los países más inseguros.

Ser mujer no es un peligro en México. Ser persona, en general, es un peligro en México. Porque hemos permitido que la corrupción y la violencia se infiltren en nuestra sociedad y nos acostumbramos a verlo como algo normal. Porque impartimos una muy pobre educación en valores y la familia ha pasado a segundo plano. Todos y todas debemos cuidarnos y acompañarnos para hacer frente a la ola de violencia y exigir justicia a nuestras autoridades. Requerimos menos amarillismo de grupos políticos y más objetividad para cambiar la situación del país.

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