Los motivos del lobo

[…] Déjame en el monte, déjame en el risco,
déjame existir en mi libertad. (Rubén Darío)

Es a partir de la decada de 1930 cuando una forma de pensamiento no solo
económico sino político y social comienza a fijar sus líneas de acción en la civilizacion occidental.

El capitalismo de libre mercado o capitalismo laissez faire laissez paseer –dejen hacer dejen pasar– que algunos llaman economía de mercado tomó enorme fuerza arrolladora con Ronal Reagan y Margaret Thatcher en la década de 1980-1990. A este conjunto de ideas se le distingue también con el nombre de Neoliberalismo, que manifiesta la necesidad de la completa libertad en la economía.

A sabiendas de que la sociedad perfecta no es posible cabe una pregunta de radical importancia. La única y nueva forma de avanzar económicamente ¿es prueba y error? Porque defender solamente la libertad económica nos ha demostrado de forma suficiente la extinción de las demás libertades de la persona. Es notoria la elocuente carencia de ideas del neoliberalismo.

¿Qué observamos en la actualidad? Norteamérica contra China. La lucha entre los fuertes, que conservan la mayor riqueza, que poseen suficiente poder político y militar. La sociedad internacional solo atiende, contempla y sondea los motivos de los lobos. ¿Qué puede hacer?, ¿qué podemos hacer?

Sustentados en la economía de mercado, encauzados por la ley de la oferta y la demanda, tutelados por el modelo neoliberal del sistema capitalista y carentes de ideas, solo puede darse una competencia desleal entre los más fuertes que terminará por abatir a los más débiles y a los más popbres. En condiciones desiguales siempre ganarán los más fuertes, los lobos.

En el poema de Rubén Darío, la lucha expresada entre el lobo y el cordero, el lobo terminaba devorando a su presa; comparado con nuestra realidad los ricos seguirán siendo ricos, viviendo de la explotación de los pobres.

“En el sistema neoliberal las reglas deben aplicarse a todo, menos a la economía. No debe haber reglas laborales ni de salarios mínimos ni básicos, ni de seguridad en el empleo ni de higiene ni de defensa de la integridad del trabajador. Son intervenciones ilegítimas del estado en la economía”.

La interdependencia humana es tan estrecha y relacional que todos dependemos de todos, no somos viables al margen de los demás. Parece que el neoliberalismo pretende inventar un mundo, una nueva sociedad en la que perderemos lo mejor que tenemos, el afán de procurar el bien común y la solidaridad entre los iguales –como ha sido la vida humana desde sus inicios–, en aras de una vida feliz y plena. No se trata solo de que los ricos vivan mejor de lo que viven.

La actividad económica se puede organizar de muchas maneras, pero si no
se respeta la primacía del hombre sobre las cosas el ordenamiento económico se vuelve inhumano.
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Rubén Elizondo Sánchez

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