Las presiones a López Obrador

A poco más de un año de ejercicio de Gobierno, el movimiento que Andrés Manuel López Obrador formó para llegar a la Presidencia comienza a tener puntos de quiebre.

Y sus diferencias con otras auténticas fuerzas de izquierda se han acelerado las últimas semanas.

Hasta ahora son por lo menos tres frentes desde donde los radicales presionan a López Obrador:

El primero es la alianza entre grupos liberales, con influencia en bancadas del Congreso federal y en varios estados del país.

Desde antes de iniciar la Administración lopezobradorista dichos grupos comenzaron a presionar por la legalización del aborto, la eutanasia y las drogas; ellos son los promotores de la cultura de la muerte.

Recién electa como senadora, Olga Sánchez Cordero se comprometió a impulsar esos temas y una vez como secretaria de Gobernación ha insistido sobre los mismos, y a decir de algunos diputados locales, ella misma ha presionado en algunas entidades en donde estos temas se han debatido.

Sus intentos han fracasado y las llamadas de atención públicas del Presidente López Obrador hacia algunas de las acciones de Sánchez Cordero se perciben como señales de tensión.

Quitarle la facultad del manejo de la política migratoria; relegar de la agenda presidencial la legalización de las drogas y frenar los intentos de exigir al INE la transferencia de más de 80 millones de datos biométricos del padrón electoral son algunas de esas llamadas de atención.

Y en los últimos dos meses, por la presión de organizaciones ciudadanas, se han contenido iniciativas en congresos locales enfocadas a legalizar el aborto y las uniones entre personas del mismo sexo (estado de México, Ciudad de México, Sinaloa, Veracruz) y en el Congreso federal se contuvo también la presentación del Nuevo Código Penal en el cual se legalizaba el aborto.

La respuesta ha sido inmediata, esta corriente revivió en la Cámara de Diputados una iniciativa para legalizar el aborto firmada por decenas de diputados de Morena y buscan llevarla al pleno en este periodo ordinario de sesiones.

Vale la pena recordar que Sánchez Cordero pertenece desde hace años a una agrupación llamada República Laica –de corte jacobino- en donde participan Alejandro Encinas, subsecretario de Gobernación; Santiago Nieto, de la Unidad de Inteligencia Financiera; Patricia Mercado, histórica proabortista hoy senador por Movimiento Ciudadano; Roberto Blancarte, articulista de La Jornada; Beatriz Pagés, directora de la revista Siempre! Este grupo mantiene una alianza con la Luz del Mundo desde hace varios años.

El segundo frente es la escalada de presiones desde el EZLN y grupos afines.

En diversos momentos, el EZLN ha externado su oposición al gobierno de López Obrador (a quien llaman el capataz, porque los patrones son los capitalistas); le han mentado la madre y en diciembre realizaron una serie de reuniones en sus territorios ocupados para definir acciones de resistencia junto con otros aliados. (Mochila Política 101. Y no, no son iguales; la izquierda contra AMLO. Año 4. Enero 11, 2020)

Del 26 al 29 de diciembre pasado organizaron el segundo Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan, con alrededor de 5 mil participantes, de unos 49 países, entre ellas la cantante Mon Laferte. “Durante tres días compartieron dolores, experiencias y alegrías; fortalecieron sus redes de solidaridad y tomaron acuerdos para seguir luchando contra el patriarcado”.

Muchas de esas organizaciones actúan en la UNAM y fueron ellas, quienes bajo el pretexto de la violencia de género y de su lucha en contra del patriarcado expandieron la toma violenta de instalaciones estudiantiles y crearon las condiciones para que otros grupos se sumen al movimiento.

Algunas voces desde la Universidad insisten en cubrirlas, como el presidente del Tribunal Universitario, Eduardo López-Betancourt, quien asegura que ellas “no son violentas” y acusa a otros grupos que son criminales, con el rostro tapado, con equipo para destruir sierras eléctricas y martillos.

Una de las herencias del EZLN a estas organizaciones de activistas radicales –tácitamente aceptada por el viejo y el nuevo régimen– fue amparar sus actos de violencia con rostro cubierto, ya sea con paliacates, pañuelos o pasamontañas.

Por eso, tanto el Presidente como el rector de la UNAM, Enrique Graue han denunciado “mano negra” en el movimiento e intentos de desestabilización.

Ya anunciaron su siguiente paso: la realización del Encuentro Nacional Feminista en Jalapa, Veracruz, entre el 7 y 8 de febrero, en donde esperan más de dos mil asistentes de 22 estados.

Otro escenario en donde actúan estas mismas fuerzas es en Morena.

Prácticamente han quedado dos bandos: el de los radicales, bolivarianos y el de Cuauhtémoc Cárdenas con Yeidckol Polevnsky cuya génesis es la corriente nacional revolucionaria del viejo príismo.

Pero esa es otra historia y todavía el desenlace es incierto.

Hasta ahora el Presidente López Obrador ha resistido las presiones más allá de preferencias personales o imposición ideológica en algunos temas.

Pero la mejor lección es que la participación organizada de los ciudadanos ha jugado un papel fundamental en la definición de estos temas.
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Mochila Política 105
Febrero 7, 2019, Año 4

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