La priización de Morena

Igual como se hacía en el régimen priista, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha comenzado a usar sus dos instrumentos principales, el Gobierno y su partido, para hacer valer jefatura y garantizar recursos para su proyecto político-ideológico.

Al interior del partido impuso orden en la disputa por la dirigencia nacional de Morena, escenificada en la estructura del partido y en los grupos parlamentarios, tanto del Senado como de la Cámara de Diputados.

En el Gobierno blindó el presupuesto para el funcionamiento de su programa clientelar: Bienestar.

López Obrador repite el modelo del viejo régimen en donde el Presidente, su círculo más cercano en el Gobierno y el partido (del cual era denominado el “jefe nato”) eran el núcleo central del sistema.

Era un modelo en donde el mandatario hacía uso de facultades legales y metaconstitucionales para sus proyectos. Hacía equilibrios con las corrientes políticas y los factores de poder.

Ahora, la figura presidencial se mantiene con parte de sus facultades metaconstitucionales: es el jefe “moral” del partido; único e indiscutible; lo alinea a sus proyectos, define reglas del juego e influye para designar al dirigente.

El partido cambió de nombre, antes era el PRI, ahora es Morena; algunos de sus más experimentados cuadros provienen de épocas del tricolor: Marcelo Ebrard; Porfirio Muñoz Ledo; Ricardo Monreal; Javier Jiménez Espriú; Esteban Moctezuma Barragán; Olga Sánchez Cordero; Manuel Bartlett y otros.

López Obrador abrevó su formación ideológica de una de las corrientes de ese viejo régimen: el nacionalismo revolucionario y las principales definiciones de su gobierno se ajustan a ese modelo, el cual tiene como ruta el populismo.

Así como el grupo de Peña Nieto se distinguió por haber reinstaurado un sistema de corrupción para beneficio de unos cuantos, López Obrador y su grupo trabajan para imponer un proyecto ideológico para mantenerse en el poder el mayor tiempo posible.

Repiten lo aprendido: la praxis priista.

Las pistas y el telón de fondo

Durante las últimas semanas el Presidente lidió con una fuerza interna –cohesionada por su adhesión al movimiento bolivariano iniciado por Hugo Chávez y continuado por Nicolás Maduro– que les disputó mayores espacios de poder en el Poder Legislativo y por la dirigencia del partido/movimiento.

El senador Martí Batrés, apoyado por John Ackerman, su esposa, Irma Eréndira Sandoval, secretaria de la Función Pública, y por Héctor Díaz Polanco, presidente de la Comisión de Honestidad y Justicia de Morena, así como la diputada federal Dolores Padierna fueron quienes públicamente encabezaron estos movimientos.

Además de su fortaleza, López Obrador se alió con Ricardo Monreal y Mario Delgado, coordinadores de Morena en el Senado y en la Cámara de Diputados.

En el primer caso, Monreal logró una votación mayoritaria de su grupo para evitar la reelección de Batrés como presidente del Senado y colocar a una senadora afin. La pugna fue leída como parte de la disputa por la dirigencia nacional de Morena, por lo que el Presidente amenazó con abandonar el partido.

Al interior de Morena, Díaz Polanco dio una “victoria moral” a Batrés, para que no saliera tan raspado del proceso en la fracción senatorial.

Para hacer un control de daños, el Presidente López Obrador determinó que será a través de una encuesta como se elegirá, en dos meses más, al nuevo dirigente de Morena.

En la Cámara de Diputados se jugaban otros asuntos de Estado.

De la estabilidad en la Cámara de Diputados dependía el escenario para generar confianza de inversionistas en el presupuesto del año entrante, así como la concreción de su reforma educativa con la aprobación de las tres leyes secundarias.

Por eso buscaban dar una señal de apertura democrática y su afán de encontrar un interlocutor respetable y confiable.

Pero Dolores Padierna encabezó un movimiento encaminado a dejar la presidencia en manos de Morena los dos años restantes de la Legislatura y con ello abrió otro frente al presidente López Obrador.

Bajo esas variables el mundo estuvo al revés. Morena reconoció al panista, ex gobernador de Morelos, Marco Antonio Adame, como el más indicado, pero al interior del CEN del PAN lo interpretaron públicamente como “una intromisión” en decisiones internas.

Morena votó en contra las dos primeras ternas y avaló la tercera, en la cual Adame Castillo repite como vicepresidente de la mesa directiva. Morena buscaba un garante político y lo encontró en el morelense.

López Obrador mantuvo el control de las fracciones, logró dar estabilidad a la presentación del presupuesto; Mario Delgado se anotó puntos para la dirigencia de Morena y Monreal se afianzó en su camino al 2024.

La segunda pista fue la presentación del presupuesto y su contenido.

El dato más relevante es que el único gasto garantizado para el año entrante –en un presupuesto muy castigado en muchos rubros– es el destinado a los planes clientelares definidos por López Obrador desde el inicio de su Administración: los del Bienestar.

Un total de 257 mil millones de pesos (2.8 por ciento más que el de 2019) serán asignados a las becas Benito Juárez; a adultos mayores; a Jóvenes Construyendo el Futuro y otros más.

Para dimensionar el alcance del plan, primero debe funcionar la red de internet con la paraestatal dependiente de la CFE (Manuel Bartlett) y en una etapa siguiente se pretenden instalar 13 mil Centros Integradores en todo el territorio nacional, en los cuales habrá una sucursal del Banco del Bienestar, en donde se ofrecerán otro tipo de servicios a las comunidades.

Estos centros se ubicarán en 266 regiones y serán operados por los súperdelegados, quienes a su vez, dependerán de Gabriel García Hernández quien trabaja directamente con el Presidente López Obrador.

Así, López Obrador ha comenzado la refundación del viejo sistema, por eso hace uso de su fuerza como jefe del Gobierno y jefe “nato” e indiscutible del partido para alinear los dos aparatos con miras a permanecer en el poder.

Si en ese escenario las dirigencias de los partidos opositores mantienen su conducción caciquil y grupal, se reafirma la organización ciudadana como el contrapeso a la estrategia lopezobradorista.
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Mochila Política 91
Año 3, Septiembre 11, 2019

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