La Literatura tragicómica de Camilo José Cela

Al finalizar la Guerra Civil Española, esta nación sufría una acentuada crisis económica. En ese contexto tan grave, prácticamente no había creación literaria. Pero para sorpresa de muchos, surgió un escritor que, poco a poco, se fue abriendo paso. Me refiero a Camilo José Cela.

Cuando leí su primera novela “La Familia de Pascual Duarte”, con un realismo tan escabroso y cruel, me hizo recordar al escritor norteamericano William Faulkner, con su novela “El Ruido y la Furia”, en que uno de los personajes es retrasado mental y otro sufre de una neurosis crónica. Estos protagonistas, pertenecientes a una familia sureña, se atacan brutalmente e incluso se llegan a herir. En esta novela de Camilo José Cela, también, ocurren sucesos increíbles, iniciando así la corriente denominada “El Tremendismo”, con influencia Existencialista.

Este autor nació en Iria Flavia, La Coruña, en mayo de 1916. Pertenecía a una familia acomodada. Sobre su infancia cuenta: “Tuve una niñez dorada, suave. Viví épocas con mis abuelos, en Galicia, en el campo. Mi madre era inglesa. Me dieron una educación rígida, al estilo victoriano. Esto marcó mi carácter” (Trulock era su apellido materno). Su bisabuelo tuvo una importante fábrica de velas en Inglaterra. Cela ingresó a la universidad y eligió la Facultad de Derecho, pero sus estudios se vieron bruscamente truncados con el estallido de la guerra civil.

A partir de 1941 inicia su producción literaria cuando dio a conocer su libro de poemas: “Pisando la dudosa luz del día”. Pero volviendo a su novela, “La Familia de Pascual Duarte”, con su publicación retornó al realismo tradicional y crítico, costumbrista y fantástico. Este texto tiene una intención satírica; se trata de una provocación social y una clara protesta contra las estructuras socioeconómicas del país.

El personaje central es anárquico, primario, que no ha tenido formación moral, desconocedor de los principios del bien y del mal, pero también es extrañamente real, auténtico y sincero. A veces, Pascual Duarte da la impresión de ser como un animal acorralado en su jaula, que se ve obligado a sobrevivir en un mundo pobre y desfavorable. Con esto, el autor hace una especie de radiografía social de esa España olvidada, con pinceladas satíricas y amargas, impregnadas de humor negro. Mostraba un ambiente imbuido en la barbarie debido a la cercanía de una guerra, recién terminada. Cela poseía una aguda y asombrosa capacidad de observación tanto en los pequeños detalles materiales como en los retratos psicológicos de sus personajes.

En su novela “La Colmena” (1951). Recibió la influencia literaria del escritor norteamericano John Dos Passos. Propiamente en esta novela no hay protagonistas, sino que muestra a una sociedad sinsentido, en la que sus habitantes carecen de significado en sus vidas. Los hechos son futilidades e intrascendencias y los sucesos, a menudo, carecen de lógica y de sentido común.

Este hecho recuerda al escritor existencialista, Albert Camus, con su novela “El Extranjero” (1942) y otras novelas más que escribió, quien recibió la influencia de los filósofos Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger. Así se inicia la “Literatura del Absurdo”. En la que sobresale, entre otros muchos escritores, Eugéne Ionesco, uno de los principales dramaturgos del “Teatro del Absurdo”.

Pero no se piense que toda la obra de Cela fue “Tremendista”. Gozaba de excelente sentido de humor. Durante su larga vida fue escribiendo sus “Escenas Matritenses”: Un serial de pequeñas historias sobre los personajes de las calles madrileñas que venden diversos artículos o realizan los más variados oficios en la vía pública. El escritor, entre otros aspectos, recoge sus costumbres y la característica manera de hablar de algunos madrileños. Esta obra, sin duda, es jocosa y divertida.

También escribió entretenidos relatos sobre sus travesías, como: “Viaje a la Alcarria” (1948), obra con la que, en lo personal, disfruto mucho por su narrativa y prosa tan agradable y sencilla. Son sucesos que se desenvuelven en la vida cotidiana, y esas menudencias Cela las convierte en ocurrencias graciosas. Otra es “Del Miño al Bidasoa” (1952), “Vagabundo por Castilla” (1955); “Judíos, Moros y Cristianos: Notas de un vagabundaje por Ávila, Segovia y sus tierras” (1956), que continúan con ese mismo estilo tan ameno.

De igual forma tiene cuentos sumamente divertidos como: “Las orejas del niño Raúl”. El niño Raulito es el personaje central de un conocido cuento, quién tenía la enorme preocupación de que una oreja le estaba creciendo mucho más que otra. Entonces, con sus manos, se las medía en forma continua y constante y era tanta su obsesión, que llegó a la conclusión de que, en efecto, una oreja era notablemente mayor que la otra. Otros cuentos son: “El Gallego y su cuadrilla”, “El bonito crimen del carabinero y otras invenciones”, “Esas nubes que pasan”, “Santa Balbina 37, gas en cada piso”, “Timoteo, el incomprendido”, etc. Publicó muchas obras más: “San Camilo, 1936”; “Papeles de Son Amadans”, “La Catira, Historias de Venezuela” “Mrs. Caldwell, habla con su hijo”, “Tobogán de hambrientos”, etc. Sin embargo, existen algunas obras de Cela que giran obsesivamente en torno al aparato reproductor, que resultan desconcertantes y de mal gusto. También escribía en varios periódicos, como: “ABC”, “La Vanguardia Española, “Arriba” y en las revistas “Juventud”, “Revista para la Mujer”, “Cuentos para Medina”, “Fotografías de Pardo Bazán, etc.

Fue miembro de la Real Academia Española y además era un brillante catedrático. Fue nombrado Decano de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de las Islas Baleares. En 1975, por su actividad periodística, se le entregó “El Premio Miguel de los Santos Oliver”. En 1989, este destacado escritor fue galardonado con “El Premio Nóbel de Literatura”. Dos años antes había recibido el “Premio Príncipe de Asturias de las Letras” y en 1995 le fue concedido “El Premio Cervantes”. En general sorprende que sea un autor tan prolífico abordando un abanico temático amplio y extenso: cuentos, novelas, poesías, artículos editoriales, crónicas, fábulas…

El 17 de enero de 2002, a sus 85 años, falleció de una insuficiencia cardiaca. Fue enterrado en su pueblo natal, Iria Flavia, acompañado de sus seres queridos. Tomás Cavanna, director de la “Fundación Cela” comentó que “cuando escribía una obra la trabajaba hasta el final, con un enorme perfeccionismo”. Añadió que su obra “La Cruz de San Andrés”, le valió el “Premio Planeta” en 1994.

En definitiva, fue un reconocido personaje en la cultura española, que dejó una impronta en la Literatura Universal.
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Raúl Espinoza Aguilera

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