El valor de las virtudes humanas (2 de 58)

En nuestro recorrido por los principios que guían los actos humanos buenos, hablaremos hoy de la virtud de la Justicia.

2. JUSTICIA

Es el hábito de dar a cada uno lo que le pertenece o corresponde.

El concepto de Justicia viene tan impreso en el alma humana como Ley Natural, es decir, se nace con él en la mente.

Inicialmente esta virtud se desarrolla en una forma introspectiva: Yo sólo puedo tomar lo que es mío. Posteriormente, ya en una actividad social, la Justicia es un poder de la autoridad que se aplica en caso de discrepancia entre los gobernados. De hecho, la autoridad se constituye como Juez que debe actuar con Justicia. Esto sucede desde la mínima célula social como lo es la familia, hasta la complicada convivencia internacional.

Uno de los muchos casos en que vemos aplicada esta virtud, lo tenemos en el siguiente ejemplo.

El veneno de la verdad

En la segunda mitad del siglo XVIII, ya resuelto el problema de la “longitud” (determinación de los meridianos), los ingleses realizaron varias expediciones exploratorias en el Pacífico Sur-Oeste, siendo el Capitán James Cook el más famoso explorador.

En aquel entonces, los barcos de madera impulsados por el viento realizaban estos viajes con duración de un año o más y con la pobre tecnología del momento. Tenían que reabastecerse frecuentemente de agua dulce y alimentos frescos en las islas que iban encontrando. El problema del reabastecimiento era que las monedas de oro y plata podían o no ser aceptadas. Sin embargo, los ingleses pronto se dieron cuenta que los “clavos de hierro” eran muy solicitados por los nativos de las islas del sur y por ello llevaban grandes cantidades de éstos.

Otra cosa que hacían los ingleses era llevar un científico (generalmente un botánico) para que, junto con los oficiales del barco, capturaran la mayor información sobre las costumbres de los nativos y riquezas de esas tierras.

Sucedió que al llegar a una de esas 30,000 islas desembarcaron, y al ser rodeados por los nativos, dieron a entender que no venían en son de guerra. Inmediatamente después fueron llevados ante el Rey o Jefe, a quien le regalaron unos espejitos, bisutería y otras baratijas europeas. Posteriormente, mediante un lenguaje de señas, mostraban al monarca las bondades del “clavo”, para posteriormente iniciar el comercio.

Sucedió que los habitantes de la isla mostraban una gran sonrisa, eran muy amables y honestos en sus tratos y en su convivencia, y parecían felices todo el tiempo. En un par de días más, los ingleses creían estar en el paraíso, es más, paraíso antes del pecado original.

La explicación de tanta dicha y felicidad de los nativos se basaba en una total, completa y plena confianza en su sistema de justicia. En realidad, el único delito grave de la isla era la “mentira” y se castigaba con la muerte, por lo que cualquier diferencia podía ser negociada y acordada fácilmente con un diálogo que se basaba siempre en la verdad.

La tripulación de los barcos ingleses consistía en dos tipos de personas: los Oficiales, que por lo regular era gente culta y decente, y la marinería, que estaba formada en gran parte por analfabetas, rufianes y malandrines, por lo que antes de una semana se presentó la primera discrepancia entre un nativo y un inglés.

El nativo alegaba que no se le había pagado un servicio y el inglés decía que no había recibido el servicio. Como no había testigos, el inglés pensó que el capitán lo apoyaría; sin embargo, cuando llegó el Rey sólo le pidió al capitán que llevaran a los dos adversarios a tomar el “veneno de la verdad”.

El Rey le explicó que cuando este poderoso veneno llegaba al estómago de un mentiroso le causaba una muerte muy cruel, pero si el hombre decía la verdad, no le pasaba nada.

El brujo de la isla se pasó el resto del día en un ceremonial muy complicado preparando el veneno y a la mañana siguiente los adversarios se presentaron ante el rey y el hechicero para la ceremonia de la justicia. Antes de darles el brebaje, se les invitó a recapacitar y a echarse para atrás aceptando que habían mentido, pero ambos permanecieron firmes.

Los adversarios tomaron al mismo tiempo el veneno, mientas el brujo efectuaba una danza ritual para invocar al espíritu de la justicia. 15 segundos después de la toma, el inglés se dobló y con un profundo quejido de dolor, murió.

El capitán y el botánico se pasaron el resto del día tratando de negociar que el brujo les diera la fórmula del veneno, pero ni por todos los clavos del barco el hechicero quiso pasarles el secreto de la elaboración.

Dos o tres días más tarde hubo otro incidente parecido entre un marinero inglés y un nativo, con resultados iguales, o sea, el inglés muerto. El capitán nuevamente invitó al botánico para ir a negociar con el brujo, pero ésta vez el botánico no quiso ir.

Terminado el abastecimiento de víveres y agua dulce, y con los reportes científicos del botánico terminados, el barco inglés zarpó. Ya en altamar, el capitán se quejó con el botánico el no haber podido obtener la fórmula del veneno, pues hubiera retirado a todos los jueces de Londres. Pero el botánico le dijo que no hubiese servido de mucho, pues había notado que el líquido verdoso que habían bebido los adversarios, los ingleses lo tenían aun en la boca y los nativos no. En efecto, los nativos (que estaban convencidos de la verdad) habían bebido el veneno de un solo trago; en cambio, los ingleses lo habían mantenido en la boca, pretendiendo burlar la justicia. El botánico señaló que no había dicho nada para no echar a perder el idílico sistema de justicia de la isla.

Para terminar el tema, el botánico le dijo al capitán que el avance científico había sido enorme, pues ahora él sabía que algunas substancias sólo se asimilan en la boca, y este hecho sería tema de investigación futura. Y así fue. Hoy en día (siglo XXI) hay algunos medicamentos que se asimilan mejor cuando se ponen en la boca colocándolos debajo de la lengua. Pero lo que no ha cambiado es que la verdad siempre ha sido, es y será la mejor herramienta de la Justicia.

Dedicado a todos los jueces

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