Del fracaso electoral a la restauración violenta

Los resultados electorales en España el domingo 10 de noviembre y las violentas movilizaciones en varias ciudades sudamericanas, son facetas de un mismo proceso, en donde avanzan electoralmente las alternativas al populismo radical de izquierda y éste, en respuesta, desata la violencia para recuperar terreno.

En una primera revisión, los perdedores son Pedro Sánchez y el PSOE en España, que permanece estancado, así como la coalición de izquierdistas y corruptos radicales que han ido perdiendo el poder acumulado en la década pasada en América: Nicolás Maduro; Evo Morales, Lula, Correa.

Con una serie de apoyos a líderes populistas y radicales en cuatro países del Continente, Andrés Manuel López Obrador comenzó a rebasar a Nicolás Maduro en el liderazgo de esa corriente, además con un estilo menos estruendoso y sin un discurso beligerante hacia Estados Unidos.

Lo que han ido perdiendo en las urnas, los radicales populistas sudamericanos buscan ahora restaurarlo por la violencia, en tanto el indicativo español avanza a la derecha.

La derecha rompe el mapa

La principal novedad de las elecciones en España del pasado domingo es el fuerte crecimiento de la derecha encarnada en un partido como VOX que hace un año no tenía presencia en las instituciones.

Su fuerte crecimiento amenaza al establishment porque sus objetivos políticos son la supresión de las autonomías (el equivalente a los estados en México) e ilegalizar a los partidos nacionalistas cuyo objetivo es romper la unidad nacional.

Los 50 diputados alcanzados por VOX, más del doble de los obtenidos el pasado mes de abril, les permitirá además presentar recursos de inconstitucionalidad cada vez que el gobierno o el parlamento aprueben leyes o medidas libertarias.

La otra gran novedad es la quiebra solemne de Ciudadanos, un partido de nuevo cuño, virgen, creado por el establishment para evitar que Podemos alcanzara el poder con su discurso regenerador y transversal.

La gran derrota de Ciudadanos ya se ha cobrado la cabeza de su líder, que no sólo abandona la presidencia sino también su escaño de diputado. Al menos el dueño del partido veleta ha tenido dignidad en el último minuto.

Por lo demás, la situación de bloqueo permanece inalterada. Para ser presidente se necesita el apoyo de 176 diputados.

Así que caben dos posibilidades, igual que en abril: O el PSOE logra el apoyo de Iglesias y de los nacionalistas, o consigue la abstención del Partido Popular.

Tengo para mí que intentará el gobierno Frankestein que él llama “peogredista”, pues sabe que siempre podrá contar con el comodín del Partido Popular.

Casado ya se ofreció en la noche electoral a facilitar una investidura socialista… sin Pedro Sánchez. Obviamente esto es imposible, así que el día después volvemos a la casilla de inicio.

¿Qué quiere el Ibex y Bruselas? Una gran coalición a la alemana. Nada de comunistas en el gobierno generando más inestabilidad.

Está por ver que, Iglesias, el Coletas sepa leer los signos de los tiempos

Ahora, la violencia

Si la primera década del siglo fue la del ascenso al poder en Sudamérica de los regímenes dictatoriales, corruptos, populistas y radicales de izquierda, en la segunda hemos atestiguado su desmoronamiento electoral.

Ahora buscan una restauración por la fuerza.

Conformada por Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia), Luz Inacio Lula (Brasil), Néstor Kirchner (Argentina), la izquierda radical buscó imponer su propio modelo económico y potenciarlo globalmente aliada con China y Rusia, pero su corrupción ideológica y económica, la ausencia de algunos de ellos (por muerte natural) ha dejado secuelas de atraso y encono social.

Para justificar sus modelos populistas impusieron ocurrencias ideológicas como el socialismo del siglo XXI en donde mezclaban “filosofía” del «Che» Guevara con la doctrina de la Madre Teresa de Calcuta; o los ritos paganos impulsados por teólogos de la liberación como Leonardo Boff que desembocan en absurdos como la Pachamama.

Fincaron su prestigio en la corrupción, como el caso de Chávez y Nicolás Maduro que convirtieron al Ejército de su país prácticamente en un grupo delincuencial; Lula, que pasó a prisión por recibir sobornos o los Kirchner, y las insistentes versiones de los nexos de Evo Morales con su participación en el tráfico de coca.

Los desenlaces en diversos países les han sido adversos electoralmente, como en Ecuador, Paraguay, Brasil, Colombia. A la par, el desprestigio del dictador Nicolás Maduro y su aislamiento por parte de la comunidad internacional redujeron sus espacios de poder.

En ese marco, las violentas protestas en Ecuador y Chile -donde han llegado al grado de atentar contra templos católicos en Valparaíso y Santiago- reivindicadas por Maduro, parecen ser el medio para tratar de regresar al poder.

Una de las piezas de ese cuadro, la salida de Evo Morales -empecinado en permanecer en el poder a través de un fraude electoral- significaba el completo desprestigio del último de los líderes de esa primera generación de radicales de izquierda.

Quien ha encontrado una veta de oportunidad y la ha aprovechado es el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, al exportar a El Salvador sus programas clientelares; al ofrecer asilo a los fieles de Rafael Correa inspiradores de las violentas protestas en Ecuador; al ofrecer respaldo a Alberto Fernández de Argentina, pero sobre todo al asilar a Evo Morales y preservarle una imagen de víctima.

Lo ha hecho alejado del estridente discurso antiimperialista de Maduro, pues debe hacer un equilibrio, toda vez que tiene enfrente la aprobación del nuevo tratado de libre comercio con Canadá y Estados Unidos.

Y eso aumenta la incertidumbre sobre el rumbo del gobierno de la López Obrador.
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Mochila Política 95
Año 3, Noviembre 14, 2019

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