De los Ocho Espíritus Malvados / La Gula

Elagabalus alcanzó el trono del Imperio Romano a los catorce años de edad y reinó de 218 a 222 dC. En la Batalla de Antioquía -218 dC- en Siria, las tropas de Elagabalus vencieron a la guardia pretoriana del emperador Macrino.

Decapitado este último, le sucedió el joven emperador Heliogábalo -en castellano- quién comenzó a reinar hasta ser asesinado en 222 dC. Se le recuerda porque propagó entre sus adeptos la degeneración, la destemplanza y el desenfreno por medio de la práctica personal de actos lamentables y patéticos.

Se cuenta que tuvo más de cinco esposas, y él mismo se pervirtió en el palacio imperial.

El nombre gula proviene del latín gula que significa garganta, tragar, deglutir. Cuando ésta necesidad natural del ser humano por comer y beber sale del cauce normal, se convierte en un extremo por exceso y conduce al espíritu malvado del mismo nombre.

Aunque el sobrenombre Elagabalus proviene de su ciudad natal El-Gabal, pronto se asociaron a la palabra gula sus excesos en la comida y la bebida.

Evagrio Póntico escribió el siguiente aforismo:

“El origen del fruto es la flor y el origen de la vida activa es la templanza; quien domina el propio estómago hace disminuir las pasiones, al contrario, quien es subyugado por la comida incrementa los placeres” (Cap. I).

Es mejor ser dueños de nuestras pasiones o emociones a ser esclavo de ellas. En efecto, quien domina el propio estómago, es decir, la tendencia natural placentera que proporciona el comer y beber, mejora notablemente la “vida activa” entendida ésta como la “praktiké” griega, es decir, las acciones y decisiones que conforman el entramado de la vida diaria.

Vencer la gula aporta las disposiciones necesarias para el desarrollo personal, acrecienta la plenitud humana y multiplica las oportunidades de rendimiento profesional. El glotón difícilmente adquiere las habilidades indispensables para superarse en su propia vida porque carece de disciplina para dominarse a sí mismo.

Al glotón le falta potencia y energía, carece de empuje por la simple razón de que no es dueño de sí mismo. Es dominado por su estómago de manera que sólo busca los placeres de comer y beber.

Aconsejo practicar la Enkráteia griega, en la modalidad de templanza o autocontrol individual en todos los aspectos de la vida ordinaria, en particular los placeres fungibles.

Con el hábito de templanza se obtendrá la fuerza interior necesaria para ser dueño de la propia garganta.
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Rubén Elizondo Sánchez

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