Reconstruir el matrimonio y la familia

¿Cómo proponer la cuestión cristiana del matrimonio en una cultura que ha demolido el matrimonio natural? El modo de entender el matrimonio en una cultura se expresa en las leyes del ordenamiento jurídico del Estado o en las Declaraciones de los organismos internacionales, por eso es importante salir a la defensa de las leyes.

La institución matrimonial es vista, hoy día, como si no tuviera ningún fundamento natural, sino que se ve como una mera convención social. El edificio del matrimonio no ha sido destruido, ha sido de-construido, desmontado pieza por pieza, afirma Carlo Caffarra, experto en el tema. Al final tenemos todas las piezas pero ya no hay edificio. Es decir, tenemos todas las categorías que constituyen el matrimonio: conyugalidad, paternidad-maternidad, filiación-fraternidad; pero ya no tienen un significado unívoco. ¿Por qué y cómo pudo suceder esta deconstrucción? Se ha dado una desbiologización del matrimonio y su reducción a una mera emoción privada, sin relieve público fundamental. Esto se ha debido al modo de concebir la relación de la persona con su propio cuerpo. Espero me sea permitido describir lo sucedido a través de una metáfora. Hay alimentos que puede ser metabolizados sin crear problemas ni inmediatos ni remotos; no causan indigestión ni aumento de colesterol. Otros alimentos son difíciles de digerir; otros alimentos son dañosos al organismo, aunque a largo término.

El pensamiento cristiano ha “ingerido” la visión platónica y neoplatónica del hombre lo que ha creado graves problemas de “metabolismo”. El vino de la fe corría el riesgo de convertirse en agua de Platón. Separar el cuerpo de la persona lleva a reducir el cuerpo a puro objeto. El dato biológico se expulsa progresivamente de la definición de matrimonio y la subjetividad se reduce a pura emotividad.

Antes el dato biológico estaba integrado a la totalidad de la persona. El cuerpo era visto como cuerpo-persona, y la persona como persona-cuerpo. Yo no tengo un cuerpo, y soy cuerpo, y alma; no lo tengo en uso, como uso un automóvil. Ahora la conyugalidad puede ser hetero u homosexual; los hijos se pueden obtener por procedimientos técnicos. Estamos asistiendo a un cambio del genoma de la familia y del matrimonio

Podemos individuar los problemas fundamentales de esta propuesta. Algunas personas tienen la incapacidad de percibir la verdad, y por tanto la preciosidad de la sexualidad humana. ¿Por qué hemos ignorado el magisterio de Juan Pablo II sobre la sexualidad y el amor humano?

Hay que preguntarnos hasta que punto somos conscientes de que la ideología de género es un verdadero tsunami, que no mira el comportamiento humano, sino la destrucción de la familia y del matrimonio.

Hay una cuestión antropológica más grave aún: el colapso de la razón en su tensión hacia la verdad, de la que habla la Fides et Ratio (nn. 81-83), ya que ha arrastrado la voluntad y la libertad de la persona. El empobrecimiento de la razón ha generado el empobrecimiento de la libertad. Si desconfiamos de nuestra capacidad de conocer una verdad total y definitiva, tendremos dificultad para creer que la persona pueda donarse total y definitivamente, y recibir la auto donación total y definitiva de otro. De allí nace la inconsistencia de algunas personas.

La autoridad civil quiere calificar como matrimonio cualquier comunidad de otro tipo. Es la “tiranía de la artificialidad” de la ley actual de equiparación, que se arroga la autoridad de hacer artificialmente posible lo que naturalmente no lo es. El matrimonio es el único sacramento que coincide con una realidad creada: Es el mismo matrimonio natural transfigurado en el sacramento. El desafío que vive hoy el matrimonio es completamente inédito.

La relación entre Cristo y su Iglesia, como la relación entre esposo y esposa, es de naturaleza sacramental o mistérica. El matrimonio hace a los cónyuges signos de unión de Cristo con su Iglesia. Al desposarse es Cristo quien los vincula. Es un misterio y es un don de Dios, afirma Caffarra.

Leda Gallí dice: “El cuerpo, si solo lo miras, es mudo; pero si lo miras y lo interrogas, es elocuente”. ¿Qué nos queda? Reconstruir el matrimonio. El testimonio de los esposos expresa cómo la caridad conyugal es capaz de acoger y es capaz de una espléndida gratuidad.

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