Morena y la refundación del PRI

Ante el cada vez más cercano 1º de julio, las encuestas brotan como hongos en la humedad, dando la impresión de que ya todo está decidido. Según los sondeos, todo parece indicar que el seguro triunfador será el conocidísimo Andrés Manuel López Obrador. Ante la posibilidad de que esto pudiera ocurrir, vale la pena hacer un análisis del rumbo que podría tomar México en un futuro inmediato.

Desde luego que la eventual victoria de López Obrador sería algo equivalente al triunfo de Hugo Chávez en Venezuela que acabó no solamente con las instituciones democráticas, sino que hundió a ese país en una hambruna pavorosa inconcebible en un país riquísimo en recursos naturales.

Aparte de que una eventual victoria de López Obrador nos hundiría en la inflación, el desempleo, la carestía, la hambruna, así como rabiosos enfrentamientos sociales, existe otro ángulo del problema digno de analizarse.

Sabido es que, durante más de tres décadas, los mexicanos hemos luchado por la libertad frente a un viejo y corrupto sistema que había implantado una dictadura de partido.

Eran aquellos los tiempos de un solo hombre, con un Congreso y Poder Judicial sometidos a su voluntad, con gobernadores que en la práctica eran virreyes, con una prensa lacayuna que únicamente elogiaba al presidente en turno, con sindicatos domesticados que explotaban a sus agremiados, etc. etc. etc.

Un auténtico monarca era el Señor Presidente, dentro de un sistema autoritario que lo único bueno que tenía era que solamente duraba seis años.

Una vez que le entregaba la corona al sucesor por él designado -o sea la banda presidencial- renacían las esperanzas de un pobre pueblo que, antes de un año, volvía a caer presa del desaliento.

A partir de la estatización de la Banca en 1982, el pueblo tomó conciencia política, actuó con valentía y, poco a poco, aquel viejo sistema se fue debilitando.

Actualmente, con todo y que nuestras instituciones son débiles, contamos con una democracia en la cual el voto es respetado y en la cual se puede criticar abiertamente al presidente de la República.

Pues bien, aunque muchos no lo crean, si López Obrador logra triunfar el 1º de julio, todo esto se acabaría, puesto que volveríamos al viejo sistema.

No debemos olvidar que López Obrador empezó su carrera dentro del PRI, motivo por el cual lleva consigo genes autoritarios.

Solamente quienes hayan analizado superficialmente la situación no se dan cuenta del plan que López Obrador tiene en mente y que piensa cumplir de modo riguroso.

En caso de contar con mayoría absoluta en el Congreso, nada podrá detenerlo: Reformará la Constitución eliminando aquellas instituciones democráticas que pudieran estorbarle, acabará con la libertad de prensa, someterá a los otros partidos, le quitará autonomía al Banco de México y -la cereza en el pastel- derogará el principio de NO RE-ELECCION.

Aunque algunos se empeñen en negarlo y otros se nieguen a creerlo, López Obrador -una vez investido presidente- seguiría el mismo camino que siguió Hugo Chávez en Venezuela.

Ahora bien, en el caso de no contar con mayoría absoluta en el Congreso y que diputados y senadores se negasen a obedecerlo, López Obrador echaría mano del recurso propio de cualquier dictador bananero: Juntaría miles de sus partidarios, rodearía las sedes tanto del Senado como de la Cámara de Diputados y -a base de presiones y amenazas- lograría someter a un amedrentado Poder Legislativo que, de hecho, estaría secuestrado por hordas de maestros afiliados a la CNTE.

Por supuesto que, dentro de este proyecto totalitario, se encuentra el control total de los medios, especialmente del INTERNET, el cual estaría en peligro de desaparecer.

Con el fin de controlar a la opinión pública manteniéndola desinformada, contaría con periodistas incondicionales, al estilo de Jacobo Zabludovsky, que se encargarían de contar lo que al nuevo Sistema más le conviniese.

Si las cosas salen como López Obrador espera, antes de tres años tendremos un dictador a la usanza del viejo PRI; y lo peor es que no tendríamos ya la esperanza de que en 2024 pudiésemos votar por otro partido, porque para esas fechas tendríamos ya un dictador vitalicio.

De este modo, se daría el cuarto cambio dentro del PRI, partido que Plutarco Elías Calles fundó con el nombre de Partido Nacional Revolucionario (PNR), que pasó luego a ser Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y después Partido Revolucionario Institucional (PRI), para culminar siendo Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA).

Solamente quienes estén ciegos o esperen algo de López Obrador se resisten a creer algo que es tan evidente como la luz del sol.

¿Respetará a la libre empresa un López Obrador que, a la más leve contrariedad, la emprende con insultos y amenazas veladas contra los empresarios?

Al menos el viejo sistema respetaba a la libre empresa, la cual respondía creando riqueza, fomentando empleos y pagando impuestos.

Con un dictador estilo López Obrador, todo eso se acabaría, los empresarios sacarían sus capitales del país y eso traería como resultado devaluaciones, inflación, carestía, desempleo, aumento de la delincuencia y enfrentamientos callejeros.

Así que, no nos queda la menor duda: Un eventual triunfo de López Obrador significaría la refundación del viejo PRI corrupto, incompetente y autoritario. Y lo peor de todo no es que López Obrador llegue… sino, más bien, que no se va a ir.

redaccion.nuevavision@gmail.com

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